No saben la felicidad de estar de vuelta. Que pena que una cuidad tan bonita como Paris, se nos haya convertido en una pesadilla a mi y mi hija. No sólo nos toco vivir el atentado, que por suerte en ese minuto estábamos en una comida en un barco por el Sena. Sino, que por mala suerte estuvimos al medio de una histeria colectiva y corrimos horrorizadas sin saber que pasaba. Hoy ya cuento todo como una historia más pero que será difícil de borrar.

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